Segunda Guerra Mundial
Segunda guerra mundial
La crisis económica, la pobreza y las penalidades que ello
conllevaban, propiciaron el auge de los fascismos. El nacionalismo alemán
proliferó y Hitler fue ganando popularidad en Alemania como líder del Partido
Nacionalsocialista.
Origen de la Segunda Guerra Mundial
Así, el mensaje de Hitler caló hondo en una sociedad alemana
que había sufrido fuertes privaciones tras la Primera Guerra Mundial. Hitler
abogaba por no reconocer el Tratado de Versalles, al tiempo que proclamaba que
Alemania necesitaba expandirse territorialmente, por lo que necesitaba un
espacio vital.
El convulso ambiente en Alemania desembocó en el ascenso de
Hitler al poder en 1933. Después, Hitler se atribuyó poderes extraordinarios,
disolviendo todos los partidos y sindicatos, salvo en nacionalsocialista y
poniendo en marcha una política antisemita.
En el plano internacional, Hitler incumplió los tratados,
rearmando a Alemania y negándose a sufragar el coste de las reparaciones de la
Primera Guerra Mundial. Ya en 1936 remilitarizó la región de Renania, pero las
ambiciones territoriales de Hitler aún estaban lejos de saciarse.
En 1938, el ejército alemán penetró en territorio austriaco
y se anexionó el país. Si bien es cierto que tanto Austria como Alemania
deseaban estar unidas. La expansión del Reich continuó cuando Alemania se
anexionó la región checa de los Sudetes, habitada por una numerosa población
alemana.
Mientras tanto, la respuesta de las democracias occidentales
como Francia y Gran Bretaña era tibia, pues apostaban por una política de
apaciguamiento. Esto tendría terribles consecuencias sobre Checoslovaquia, que
cayó en manos alemanas en marzo de 1939. Sin embargo, el siguiente movimiento
de Hitler (la invasión de Polonia) terminaría por provocar el estallido de la
Segunda Guerra Mundial.
Paralelamente, en los años 20 el nacionalismo iba en aumento
en Japón. Cabe citar un documento conocido como el Plan Tanaka, que propugnaba
el expansionismo nipón. Al igual que la Alemania nazi, Japón buscaba su espacio
vital.
Así pues, el primer paso en la expansión del Imperio de
Japón fue la conquista de Manchuria en 1932. A Manchuria le seguiría la
invasión de China en 1937. A medida que Japón se expandía, crecía la rivalidad
con Estados Unidos, la gran potencia rival en el Pacífico.
Con el militarismo japonés al alza, el general Hideki Tojo
se hizo con el poder en 1941. Las tensiones con Estados Unidos cada vez eran
más fuertes y el ataque japonés a los estadounidenses en Pearl Harbor estaba en
ciernes.
La guerra relámpago
El 1 de septiembre de 1939 estalló la Segunda Guerra Mundial
con la invasión alemana de Polonia. Esta vez, las democracias occidentales no
optaron por el apaciguamiento. Pese a la entrada de Francia y Gran Bretaña en
el conflicto, Polonia no tardaría en caer en manos del Tercer Reich.
El comienzo de la guerra estuvo marcado por una sucesión de
espectaculares victorias alemanas. Las nuevas tácticas germanas, conocidas como
blitzkrieg o guerra relámpago, consistían en fulminantes ataques combinados con
infantería, artillería, tanques y aviones. Este modo de hacer la guerra
desconcertó a los aliados.
A la invasión de Polonia le siguió la caída de Dinamarca y
Noruega. Poco después, la guerra se trasladó a Bélgica, Holanda, Luxemburgo y
Francia. La línea Maginot, que era una serie de fortificaciones erigidas por
los franceses, resultó inútil cuando los alemanes sorprendieron al ejército
francés atacando a través de las Ardenas. El frente aliado se desmoronó, el
ejército británico se retiró por Dunkerque y los alemanes terminaron entrando
en París. Finalmente, el 22 de junio de 1940, los franceses firmaban armisticio
en Compiegne.
Francia quedó dividida en dos zonas: la norte en manos de
los alemanes y la sur, conocida como la Francia de Vichy que, al frente de Philippe
Pétain, se convertía en un estado colaboracionista.
Mientras tanto, Gran Bretaña, se había quedado sola en su
lucha contra el Tercer Reich. Pero el primer ministro británico Winston
Churchill estaba decidido a combatir hasta el final. Solo gracias a su
resistencia en la batalla de Inglaterra, la aviación británica logró evitar una
posible invasión.
Nuevos frentes
El dictador italiano Benito Mussolini deseaba demostrar que
Italia era una gran potencia, capaz de lograr victorias como las que había alcanzado
Alemania. En este sentido, Mussolini soñaba con conquistar Grecia y Egipto. Sin
embargo, las ofensivas en Grecia resultaron un desastre, mientras que en su
lucha en el norte de África cosecharon severas derrotas ante los británicos.
Todo ello terminó por forzar la intervención alemana. Una
vez más, la maquinaria militar alemana se mostró implacable, conquistando
rápidamente Grecia y Yugoslavia.
Mientras tanto, en el norte de África desembarcó un pequeño
ejército alemán conocido como Afrika Korps y comandado por el general Erwin
Rommel. Los triunfos de Rommel en Libia pusieron a los aliados contra las
cuerdas y su ingenio en el campo de batalla le valió el sobrenombre de el zorro
del desierto.
Pero las ambiciones alemanas iban más allá de los desiertos
del norte de África. El gran enemigo ideológico de Hitler era el comunismo,
encarnado por la Unión Soviética. A pesar de haber suscrito el pacto
germano-soviético, por el que ambos países se comprometían a no agredirse, se
repartieron Polonia y acordaban intercambios económicos, el 22 de junio de 1941
comenzó la invasión de la Unión Soviética.
Millones de soldados alemanes penetraron en territorio ruso
en el marco de la Operación Barbarroja. Durante los primeros meses, la
avalancha germana resultó incontenible para las desorganizadas fuerzas
soviéticas. Sin embargo, la llegada del duro invierno ruso contribuyó a frenar
el avance alemán a las puertas de Moscú. Igualmente, el ejército alemán se topó
con una fiera resistencia en la ciudad de Leningrado.
Consiguiendo un respiro gracias a la llegada del invierno,
los alemanes detuvieron sus ofensivas hasta la primavera de 1942. Esta vez, la
atención de Hitler se centraba en Stalingrado.
Estalla la guerra en el Pacífico
Estados Unidos había mantenido una posición aislacionista.
Sin embargo, entre sus ciudadanos había quienes reclamaban la entrada del país
en la guerra. Mientras tanto, ambos países se hallaban al borde de la
conflagración. La invasión japonesa de la Indochina francesa conllevó un
embargo petrolífero a Japón por parte de Estados Unidos y Gran Bretaña.
Así pues, Japón, que rivalizaba con Estados Unidos por el
dominio del Pacífico, veía la guerra como única salida, pues sus reservas de
petróleo eran escasas. Por ello, era fundamental infligir un golpe rápido y
letal a los estadounidenses. Finalmente, el 7 de diciembre de 1941, los
japoneses atacaron a la flota de Estados Unidos en Pearl Harbor (Hawái). Este
ataque supuso la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial.
Inmediatamente después, los nipones emprendieron nuevos
ataques en Asia y el Pacífico. Las colonias británicas de Singapur, Malasia,
Birmania y Hong Kong fueron rápidamente conquistadas por el Imperio de Japón.
Las derrotas estadounidenses se sucedieron en el Pacífico, perdiendo islas como
Wake, Guam y las Filipinas.
Las tropas japonesas llegaron hasta Nueva Guinea, llegando a
amenazar Australia. Pero las tornas de la guerra cambiaron cuando los
estadounidenses lograron una decisiva victoria naval sobre la Armada Imperial
en la batalla de Midway en junio de 1942.
1942, el punto de inflexión
En 1942 Alemania había alcanzado su máxima dominio
territorial. En Egipto, Octavo Ejército británico parecía al borde de la
derrota, mientras que, en la Unión Soviética, la Wehrmacht marchaba decidida
hacia la estratégica ciudad de Stalingrado.
Sin embargo, con la batalla de El Alamein (Egipto), el
general Montgomery infligió una derrota que dejó a alemanes e italianos heridos
de muerte en África. Mientras tanto, un ejército angloamericano desembarcó en
Marruecos y Argelia como parte de la Operación Antorcha. Así, las tropas del
Eje quedaron atrapadas en Túnez, donde finalmente fueron derrotados.
En Rusia, en la ciudad de Stalingrado, el ejército alemán
pasó de sitiador a sitiado. Aislado, el 6º Ejército alemán terminó por ser
destruido. Alemania había sufrido una derrota irreparable, mientras que el
frente ruso empezaba a convertirse en la tumba de la Wehrmacht.
En el frente del Pacífico, la oleada japonesa era contenida
en Nueva Guinea, mientras que la flota nipona había sufrido un varapalo
decisivo en Midway. Asimismo, la victoria estadounidense en Guadalcanal
contribuiría a dar un vuelco a la guerra en el Pacífico.
La derrota del Tercer Reich
Partiendo desde el norte de África, los aliados invadieron
Sicilia, acontecimiento que terminó por provocar la destitución de Mussolini.
Ante la destitución de Mussolini, las tropas alemanas ocuparon Italia.
Los aliados prosiguieron avanzando desde el sur de Italia,
peleando en encarnizadas batallas como Anzio y Montecassino, para entrar
triunfalmente en Roma un 4 de junio de 1944.
En el frente oriental, los alemanes decidieron apostar por
una gran ofensiva blindada en Kursk. Sin embargo, los rusos se las arreglaron
para contener la embestida. Así, desde la derrota en Kursk, Alemania había
perdido toda iniciativa en el frente ruso.
Pero, con las tropas soviéticas soportando la mayor parte de
la presión del ejército alemán, se hacía imperativo abrir un nuevo frente en
Europa. Así, el 6 de junio de 1944 tuvo lugar el desembarco de Normandía,
también conocido como Operación Overlord. A la invasión aliada de Normandía le
siguieron nuevos desembarcos en el sur de Francia.
Los aliados continuaron avanzando hacia la frontera alemana
y en diciembre de 1944, sufrieron una esperada contraofensiva en las Ardenas. A
pesar del ímpetu inicial del contraataque, la ofensiva germana en las Ardenas
terminó por fracasar.
En marzo de 1945, las tropas angloamericanas cruzaron el río
Rin y se internaron en Alemania. Por fin, el 25 de abril de 1945,
estadounidenses y rusos se encontraban en Torgau.
Por su parte, el ejército soviético progresaba desde Europa
del Este, llegando hasta Berlín y conquistando la ciudad. Tras el suicidio de
Hitler el 30 de abril de 1945, el 8 de mayo de 1945, tenía lugar la rendición
final de Alemania.
Victoria en el Pacífico
Derrotados en Midway y Guadalcanal, los japoneses empezaban
a perder terreno mientras los marines y el ejército de Estados Unidos avanzaban
en una sangrienta campaña a través de los atolones. Tarawa, Saipán y Peleliu
fueron algunos de los nombres de aquellas encarnizadas batallas. Por otro lado,
un triunfante general MacArthur regresó a las Filipinas junto a un numeroso
ejército estadounidense. También los británicos lograron reconquistar Birmania.
Con la conquista norteamericana de las Islas Marianas, Japón
quedaba en el radio de alcance de los poderosos bombarderos B-29. Así, los
aliados emprendieron una campaña de bombardeos aéreos que arrasó las
principales ciudades japonesas.
A medida que los estadounidenses se aproximaban a Japón, la
lucha se recrudecía. Prueba de ello son los combates librados en islas como Iwo
Jima y Okinawa.
El episodio final de la Segunda Guerra Mundial estuvo
marcado por el lanzamiento de sendas bombas atómicas sobre las ciudades
japonesas de Hiroshima (6 de agosto de 1945) y Nagasaki (9 de agosto de 1945).
Precisamente los bombardeos atómicos que sufrieron ambas ciudades terminaron
por propiciar la capitulación japonesa, que tuvo lugar un 2 de septiembre de
1945 a bordo del acorazado estadounidense USS Missouri.
Consecuencias políticas, sociales, económicas y humanas
Bajo el yugo de los países del Eje
Durante la ocupación alemana, Europa fue saqueada. Buena
parte de los alimentos de otros países eran enviados para abastecer a Alemania.
El saqueo fue más allá de los recursos alimentarios, pues en el plano fiscal,
según el célebre historiador Antony Beevor, hubo países que se vieron forzados
a dar al Tercer Reich entre la cuarta y la tercera parte de la recaudación. En
este contexto, no tardó en aumentar la inflación al tiempo que florecía el
mercado negro.
Más aún, junto con los alimentos y bienes industriales,
millones de trabajadores forzados fueron desplazados a Alemania para servir
como mano de obra al servicio del Tercer Reich.
Un drama terrible fue el Holocausto. En campos de exterminio
como Auschwitz, Treblinka o Mathausen millones de judíos, rusos, polacos,
gitanos y comunistas entre muchos otros, fueron exterminados en masa. Con la Segunda Guerra Mundial finalizada, los
responsables de los crímenes nazis responderían ante los tribunales en los
juicios de Núremberg.
En el otro extremo del planeta, la ocupación japonesa fue
terriblemente dura para los países de Asia y el Pacífico. La guerra en China
estuvo marcada por las atrocidades japonesas, sin olvidar el trato inhumano que
recibieron los prisioneros de guerra aliados confinados en los campos
japoneses.
Repercusiones internacionales
Al término de una guerra con millones de desplazados, Europa
había quedado en ruinas y Japón estaba arrasado. Para Japón y Alemania, la guerra
había significado un holocausto humano y económico, mientras que Estados Unidos
se había consolidado como la gran potencia económica y política. Es más, el
poderío industrial y económico hicieron de Estados Unidos “el gran arsenal de
la democracia”, al tiempo que sus vastos recursos económicos permitían
financiar la contienda.
Cabe destacar que, mientras se desarrollaba la guerra,
Churchill, Roosevelt, Truman (en la Conferencia de Potsdam) y Stalin fueron
diseñando planes para el final del conflicto. En este sentido, merece la pena
señalar las conferencias de Teherán, Yalta y Potsdam. Así, se decidió que solo
se aceptaría la rendición incondicional de Alemania, al tiempo que se acordaban
unas zonas de ocupación.
También el 26 de junio de 1945, al amparo de la Conferencia
de San Francisco surgió la Organización de Naciones Unidas (ONU), un organismo
supranacional creado para mantener la paz en el mundo y luchar por el respeto
de los derechos humanos.
Al final de la Segunda Guerra Mundial, una nueva etapa
comenzaba. El mundo quedaba dividido en dos bloques: el comunista y las
democracias con economías de libre mercado. Había llegado la guerra fría.
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